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Más allá del Valle de las Muñecas







¿De dónde venimos? ¿A dónde vamos…
…hombres y mujeres? Pero siempre
el hombre y la mujer juntos,
encadenados el uno al otro
–Kaoru Tachibana.

Desde hace un tiempo se habla en los medios de comunicación de masas sobre el aumento de los hikkikomori o síndrome de asilamiento social en España.

Japón, tierra de los samuráis, dejó atrás el camino del guerrero tras la Segunda Guerra Mundial. A día de hoy dicha castración del pueblo japonés está representada, no sin cierta jocosidad, en su bandera: el sol imperial de rayos penetrantes se transformó en un recto irritado después de ser penetrado.

Los nipones pasaron del espíritu solar, combativo y duro a su opuesto: personas frustradas que, desde la explosión de la burbuja inmobiliaria en los 90, se ocultan en los zulos de sus padres conectados a Internet o jugando a videojuegos. El país donde floreció el zen parece estar totalmente anestesiado por la alienación.

Más del 70% de los suicidios en Japón los cometen varones jóvenes, aquellos que forman parte del denominado por los medios Imperio de los sin sexo. A los nipones macho ya no les compensa el esfuerzo de buscar pareja más que un par de líneas escritas a través de una red social de contactos. Y sin embargo, esa sociedad, como la nuestra, se encuentra hipersexualizada. ¿Cuál es la mejor táctica para vender cualquier cosa?

Esto ya lo estamos viendo en nuestro país entre los varones jóvenes de "clase media" española. Son la generación perdida, la denominada Generación Y, los Millennials, a quienes las apps y webs para ligar han bloqueado el flujo de la energía sexual hasta el punto de que su estancamiento está haciendo que se pudra.

Se está fomentando irresponsablemente no sólo el consumismo sino también el deseo de ser uno no-mismo el propio producto, de mostrarse continuamente en las redes sociales como un artículo de eBay que los compradores valoran con un "Me gusta" o con un "Favorito". Si no eres un producto en Internet, no existes.

En la nueva era de la publicidad ya no queremos «juntamiento con fembra plasentera» por mero placer, sino para dar sentido a nuestra pobre existencia. La obsesión por el sexo viene de la mano de la adicción al porno: para ser normal y triunfador tienes que tener sexo 24 horas al día 7 días a la semana. Y por supuesto, contarlo después. O al menos inventártelo.

Como tal aberración no es natural, miramos cual voyeurs a desconocidos montándoselo en webs porno totalmente gratuitas –los youtubes porno siempre están ahí, nadie se molesta en cerrarlos como ocurre con las webs de series y películas online. ¿A quién le interesa que consumamos porno en nuestro tiempo de ocio, que por cierto, es cada vez mayor gracias al desempleo?

La hiperrealidad baudrillesca que vomita la propaganda mediática destruye el autoestima del hombre-masa, haciendo que cualquier veinteañero sienta que no vale nada y que es un fracasado –expresión Hollywoodiense– si cada fin de semana no se acuesta con una modelo distinta.

La frustración ha tomado las riendas de nuestras vidas. Queremos ser ricos, poseer objetos que supuestamente nos hacen la vida más fácil y que nos darán acceso al sexo, como aparece en la publicidad, las películas de glamour y millonarios, la moda y el porno.

Pero está siendo justo al contrario. Esta ingenería social ataca al inconsciente dando lugar al fenómeno extremo denominado como Hipergamia (El precio de tener novia: la brutal realidad de los solteros en China).


¿Qué es la Hipergamia?

Según Rollo Tomassi y Escoffier se puede definir como la preferencia instintiva de la mujer por un hombre de mayor "estatus" al suyo, así como al de otros hombres de su entorno y aquellos que conoció en el pasado. Pero a veces el nivel exigido es tan elevado e imposible –bueno, en cualquier película de Hollywood sí lo sería– que no acaban por emparejarse con ninguno de sus muchos –sí, en serio, muchos– pretendientes.

Es decir, que la hipergamia es la búsqueda continua del macho alfa por parte de la mujer. O al menos de aquel que lo simule. El alfa perfecto sería un hombre rico de cuerpo apolíneo que viste con estilo, posee prestigio social y es un líder natural. Lo que viene siendo un Patrick Bateman o un Christian Grey, elementos propios de la fantasía o de la psicopatía.

Todos los delirios de alcanzar el éxito –¿podría explicar alguien en qué consiste el éxito sino en la apariencia final?– parece que se van esfumando a un ritmo vertiginoso y ahora nos preocupamos de poder comer tres veces al día, pagar facturas y el alquiler –muchos la hipoteca y otros tantos queriendo salir de casa de sus padres–, tener un vehículo de segunda mano con el que poder movernos para conseguir un trabajo mejor y suplicar en secreto para que nuestro jefecísimo nos otorgue una semana de vacaciones al año.

En condiciones así parece complicado meterse en el berenjenal de tener descendencia y se presenta un futuro –¡El futuro es ahora!– de soledad depresiva, miseria y pastillas para dormir. Precisamente no hace mucho aparecían los alarmistas datos del INE que hacían referencia no sólo a la pirámide poblacional invertida, es decir, al envejecimiento de la población, sino también a la tasa de fecundidad española, que está bajo mínimos.

De modo que tenemos una amplísima mayoría de varones jóvenes que no pueden acceder al sexo –y no porque no lo quieran o no lo necesiten sino porque no les compensa el esfuerzo– que se masturban compulsivamente frente al ordenador. Porque, como «individuos flotantes», tampoco pueden hacer mucho más.

Junto al fenómeno de los hikikkomori, a nuestro país llegan otros documentales sobre los varones herbívoros y las mujeres carnívoras de Japón. Al final se acaba concluyendo que esos varones desprecian el matrimonio debido a su egoísmo narcisista más propio de mentes infantiles que de adultos prefiriendo dedicar su tiempo a aficiones propias. Pero, una vez más, en Occidente no queremos llamar a las cosas por su nombre. Somos demasiados.

La máxima aristotélica del ciudadano como «ser social» se ha confundido deliberadamente con agobiantes colmenas donde el Lebensraum, espacio vital, zona de confort o territorio personal, prácticamente ha desaparecido. Para el ser humano lo antinatural es vivir en ataúdes de ladrillo y cemento rodeado por millones de otros como él. El experimento de Calhoun es una terrible profecía que ya se está cumpliendo.

Vemos hordas de jóvenes con estudios superiores, cultos, sensibles y que cuidan su aspecto físico, aunque tienen el cerebro más o menos lavado por Babilonia. Son Los Guapos del Universo 25. Por otro lado vemos a las hembras "devorándose" entre sí para acceder a los incautos que están fuera de Los Guapos.

Las mujeres se reproducen más que los hombres. Es decir, que una gran mayoría de mujeres se empareja con una minoría de hombres. Ellas deciden quién perpetúa sus genes y quién no. Y no puede ser de otra forma, a pesar de la propaganda contradictoria que lanza el Sistema. ¿Qué ocurriría si no con el negocio de la seducción científica?

Han desaparecido los ritos de paso y se ha adoptado el darwinismo social. Como no es políticamente correcto recurrir a la manida selección natural ni tampoco al concepto de los más aptos, se habla de los mejor adaptados al entorno. Lo que es igual a decir que el mejor adaptado a su entorno es el que posea mayor "estatus" dentro del sistema capitalista, Babilonia. Tanto tienes, tanto vales.

Es por ello que en las sociedades occidentales madurar significa ser consumidor premium (y de ahí que ya se esté hablando del concepto womenomics como la panacea del nuevo milagro económico: las mujeres consumen mucho más y ahorran mucho menos). Nacemos, nos preparamos –por la Gracia de Su Ilustrísima Flip 'El Preparao' VI–, conseguimos que nos exploten en un trabajo deprimente y cuando dejamos de ser útiles al Sistema nos apartan y morimos.

Ante esta situación, el as bajo la manga de algunos Guapos es recurrir a la prostitución. Y por supuesto lo mantien en secreto porque el putero es visto socialmente como un Torrente cualquiera. Pero nada más lejos. Los jóvenes de los que hablamos, generalmente bien parecidos, acuden a pisos que inundan, discretamente, todas las ciudades españolas.

El putero repugna por igual a mujeres y caballeros blancos salvadoncellas porque consideran patético que pague por sexo cuando pudiera tenerlo gratis (sic).

La liberación de la mujer

La liberación de la mujer no fue sino un fraude. En este carnaval la esclavitud se disfraza de libertad. Bastante antes de Mayo del 68 ya comenzó un destacado movimiento de "empoderamiento" de la mujer, concretamente durante la Segunda Guerra Mundial (y poco antes las sufragistas durante la Revolución Industrial), como apuntó Maxine Margolis en su obra Mothers and Such en 1984.

Rosie the Riveter, estandarte del feminismo, es el ejemplo perfecto de emblema capitalista. El cartel es una creación de la propaganda norteamericana durante la guerra para inducir a la mujer a trabajar en las fábricas debido a la ausencia de hombres –destinados a morir en el frente– enarbolando la –falsa– bandera de la libertad, como ya hiciera Edward Bernays en su experimento Torches of Freedom a principios del siglo XX.

La utilización de la mujer como mano de obra necesaria se vendió a través de la ingeniería social como una liberación del yugo opresor pero no fue sino una doble estafa: esclavitud dentro y fuera de casa.

En una sociedad como en la actual en la que te llaman, siendo suaves, utópico y soñador por pensar que lo ideal sería que tanto hombres como mujeres tuvieran libertad absoluta para trabajar en lo que quisieran, es que algo no funciona.

Llegaron los 60 con una supuesta liberación sexual y Mayo del 68 con un movimiento feminista legítimo que, sin embargo, nació ya podrido. Véase el manifiesto SCUM de Valerie Solanas pidiendo el exterminio de los hombres y valórese la repercusión que tuvo.

A principios de los 80 surge el feminismo de género, es decir, la politización del feminismo a manos de las élites, donde el divide et impera ha dado grandiosos resultados –para las élites– hasta hoy, momento en el que estamos viviendo una auténtica distopía.

Pero la inyección se ha ido administrando en tan pequeñas dosis a lo largo del tiempo que apenas nos hemos dado cuenta del cuelgue al que hemos llegado.

Ya en 1987 Adam Parfrey escribía que las autoridades feministas están convencidas de que tener pene es en sí mismo un acto fascista. Follar es visto como un acto de violación contra la mujer. «El acto de meterla y empujar es una invasión permanente. Ella se abre, con la raja en el centro. Está ocupada –físicamente, internamente, en su privacidad» (Andrea Dworkin, Intercourse).

No fue sino a finales de los 90 cuando se comenzó a impulsar desde los medios de comunicación de masas –que algunos sabemos que sólo obedecen órdenes de Moloch– la guerra de sexos: la lucha de clases del siglo XXI.

Y todos los engranajes de Babilonia se ponen marcha para fomentarla. Las élites siempre ganan porque emplean el truco de la polarización.

La industria de género

El objetivo del feminismo actual o de género no es la igualdad de derechos entre mujeres y hombres –si es que alguna vez lo fue– sino la destrucción del varón otorgando privilegios a las primeras a través de una protección por parte del Estado mediante leyes, subvenciones y discriminación positiva –si es que algún tipo de discriminación puede ser positiva– en detrimento de los segundos.

En el documental Les Travailleuses du Sexe (2009) Sonia Verstappen afirma que el feminismo tanto en Francia como internacionalmente «ha sido tomado por lesbianas americanas a las que no les gustan precisamente los hombres. Por tanto, la causa feminista se ha convertido en una guerra contra los hombres. No buscan la igualdad. Quieren destruir al macho. Quieren destruir a los hombres, así de claro. No dejaré que mi comportamiento sea dictado por mujeres locas e histéricas para las que cualquier forma de contrato sexual, incluso dentro del matrimonio, es violación. No lo aceptaré».

Una amiga doctoranda en Filosofía me comentaba –conversación de la que surgió la idea para este escrito– que actualmente el feminismo es absurdo puesto que está enfocado desde una perspectiva revanchista. Que hoy una neofeminista o feminista de género justifique la injusticia al grito de «es que las mujeres hemos sufrido mucho durante los últimos siglos debido al machismo» es ridículo y más aún teniendo en cuenta que el Sistema está ahí para asistirlas. Y que no se dan cuenta, o no quieren hacerlo, de que esta invención –lo llama ella– de género está organizada por políticos con intereses espurios privados. Es decir, que se ha creado una auténtica Industria de Género.

¿Puede quejarse una urbanita española nacida a mediados de los 80, hija de padres bien posicionados de lo mucho que ha sufrido debido al machismo? Los que hemos vivido en zonas rurales sí que sabemos lo que es el auténtico machismo: ignorancia y miedo a lo desconocido. Y de lo que se queja el neofeminismo –y se jalea para que sea considerado como un crimental– como los silencios incómodos o el intentar ligar con una mujer invitándola a un café no lo es.

He aquí la Industria de Género en un tweet:



CONFÍA EN EL SISTEMA


¿Acaso será un plan perfectamente trazado por una mente maestra para expandir los tentáculos del Estado hasta la intimidad de los hogares con la excusa de una supuesta protección de las mujeres? ¿Y si El Gran Hermano fuera en realidad La Gran Hermana?

Nos han metido la guerra en casa; hombres y mujeres nos encontramos en plena contienda y, como soldados rasos que no son más que carne de cañón, igual de perdidos que ellos.

Lo que es peor, la guerra de sexos ha ido un paso más allá: han creado la ideología de género, una nueva religión de Estado. Y como tal, subvencionada y destructiva.

La violencia/asesinatos de género, terrorismo machista, feminicidios… son conceptos de la neolengua forjados por el Ojo Panóptico para referirse a la violencia familiar o doméstica.

El concepto de violencia de género se refiere al hombre (género, en singular, haciendo referencia sólo al sexo masculino) que maltrata/mata a una mujer por el mero hecho de ser mujer. Tal aseveración es una falacia que hoy pocos se atreven a discutir. Ya que estos actos se producen en el entorno familiar/doméstico debería llamarse violencia familiar/doméstica.

Pero es que además, esa violencia no ocurre un buen día porque sí. Lleva pareja una serie de causas, siendo las más importantes el alcoholismo y la drogadicción, además de los trastornos mentales, que desencadenan en los peores desenlaces en los estratos sociales más miserables.

Fuera del contexto familiar –matrimonio fruto del «heteropatriarcado opresor»– no se explica la mal llamada violencia de género.

¿Es necesario el feminismo en la actualidad? No. Es absurdo puesto que las mujeres ya cuentan con los mismos derechos que los hombres. Entonces, ¿cómo es que el feminismo actual es más fuerte y despiadado que nunca?

Existen en nuestro país una serie de ideólogas de género muy aclamadas –escriben en determinadas webs píkaras subvencionadas que, como ellas mismas dicen, su odio hacia el varón se debe a que éste les «quita» parejas potenciales.

Feminismo como arma internacional

El feminismo también es usado por ciertas potencias mundiales para sus guerras de cuarta generación en la búsqueda desesperada de los últimos recursos naturales. Concretamente en Europa del Este el principal enemigo de Estados Unidos es la Rusia de Putin.

Un ejemplo es el efecto mediático provocado por Pussy Riot, aquí compartiendo photocall con Hillary Clinton, la salvadora de Libia:




Otro ejemplo es el de FEMEN, organización feminista financiada por George Soros –papá del fallido asalto a Osetia del Sur en 2008, año en el que casualmente se fundó FEMEN–, que, como no podía ser de otra forma, apoyaron el golpe de estado de la OTAN en Kiev en febrero de 2014. Suponemos que con el gobierno neonazi actual vivirán muy bien:




Falsas denuncias falsas

Las denuncias falsas no existían hasta que saltó a la palestra el sonadísimo caso de la feria de Málaga –aunque este tema daría para otro artículo que, si los editores de Rage estuvieran interesados, se podría publicar en un futuro.

En nuestro país la picaresca vuelve a las andadas. Supongamos que en un matrimonio ambos están en el paro y tienen una hipoteca y un par de hijos, de modo que pactan una denuncia de malos tratos.

Tras la denuncia –gracias a la Ley Orgánica 1/2004, de 28 de diciembre, de Medidas de Protección Integral contra la Violencia de Género– el marido pasa la noche en el calabozo esperando el juicio sumarísimo –en un juzgado de género– que le impondrá, como mínimo, una orden de alejamiento. Mientras, la mujer recibe el subsidio buscado o el Estado le facilita un trabajo por ser «víctima de maltrato» y el marido regresa subrepticiamente a casa escondiéndose de los trabajadores sociales. O la lleva al trabajo.

¿Imposible de creer? Muy pronto en los mejores vecindarios:


Según LIBRES del Ministerio de Sanidad una mujer está siendo maltratada si [un hombre, sea novio o marido] «Te ignora, se muestra indiferente o te castiga con el silencio». Es decir, que quedarse afónico en invierno y no poder hablar será considerado violencia de género.

Se trata de la penetración del Estado en la vida privada dictando cómo deben relacionarse las personas. La locura lesgislada. Totalitarismo moderno.


Como, según el feminismo actual, vivimos en un heteropatriarcado opresor de corte falocéntrico donde el poder lo detenta el hombre corriente –mientras Warren Farrell se pregunta «Si los hombres tienen el poder, ¿por qué se suicidan más?»– será necesario reescribir la Historia y retorcer la realidad hasta convertirla en algo esperpéntico a través de la neolengua, así como la dictadura de lo políticamente correcto ordenará que también se reescriba la Literatura:

La Princesita

Escrita por Antoinette de Saint-Exupéry, que nace en Lyon el 29 de junio de 1900 en el seno de una antigua familia heteropatriarcal.

Su primer cuento aparece en 1926, el mismo año en que comienza su carrera de pilota. El 31 de julio de 1944, Antoinette despega de un campo de aviación en Córcega para cumplir una heroica misión de la que no regresaría jamás debido a su derribo por un machista nazi.

Dráculo

Brama Stoker nació en Dublín en 1847 y trabajó como funcionaria durante su juventud, hasta que a los treinta y un años pidió la excedencia de la que nacería la obra que la hizo inmortal, Dráculo (1897). «Los seres que llamamos machirulos existen. Algunxs de nosotrxs tenemos pruebas irrefutables de ello».

Dráculo, el machirulo viviente, domina la noche y busca a sus víctimas para oprimirlas. Siente deseos sexuales y acecha a las jóvenes hermosas para violarlas. Espía las conversaciones, aparece en cualquier lugar y ejerce una diabólica fascinación... Dráculo es un fenómeno del heteropatriarcado opresor.

¿Sueñan las mujeres con machirulos eléctricos?

Philippa K. Dick nos sumerge en la post guerra de género que ha acabado con casi todos los hombres de la Tierra. Las mujeres han emigrado a otros planetas del sistema, especialmente a la colonia de Venus, y se han llevado consigo a hombres que las asisten. Algunos de éstos han escapado de la servidumbre y han vuelto ilegalmente a la Tierra. Y Rickarda Deckard, cazarrecompensas, es una de las encargadas de acabar con ellos.

Los hombres, menos avanzados, son casi inhumanos. La única manera de detectar su género es un test que pone al descubierto su machismo. Pero, ¿es justo acabar con los hombres sólo por el hecho de serlo? ¿Cuál es el límite entre el heteropatriarcado opresor y el homomatriarcado liberador?

Esta nota de humor puede parecer descabellada y fuera de lugar pero ya estamos viendo remakes de películas reimaginadas desde una perspectiva feminista, aunque nada comparado con lo que vendrá:

La mujer de mimbre

Una carta que hace sospechar que una joven desaparecida ha sido asesinada por su ex novio lleva a la sargenta Howie de Scotland Yard hasta Summerisle, una isla en la costa de Inglaterra. Allí la inspectora se entera de que hay una especie de culto heteropatriarcal, y conoce a Lord Summerisle, el líder machirulo de la isla.

Apocalypse Now

La Capitana Willard es una oficial de los servicios de inteligencia del ejército estadounidense a la que se le ha encomendado en Camboya la peligrosa misión de eliminar a Kurtz, un coronel renegado que se ha vuelto misógino. En el corazón de la selva, en un campamento sembrado de cabezas cortadas y cadáveres putrefactos de mujeres, la enorme y enigmática figura de Kurtz reina como un machista despótico sobre los miembros de la tribu Machistard, que le adoran como a un dios.

Salvar a la soldada Meg Ryan

Metaficción de la Segunda Guerra Mundial. Tras el desembarco de las Aliadas en Normandía, a un grupo de soldadas americanas se le encomienda una peligrosa misión: poner a salvo a la soldada Meg Ryan. Las mujeres de la patrulla de la capitana Johanna Miller deben arriesgar sus vidas para encontrar a esta soldada, cuyas tres hermanas han muerto en la guerra. Lo único que se sabe de la soldada Ryan es que se lanzó con su escuadrón de paracaidistas detrás de las líneas enemigas.
 
¿Estamos hombres y mujeres condenados a no entendernos? No, pero para la sociedad de consumo y los titiriteros que manejan sus hilos es lo ideal. Es por ello que debemos tener los ojos muy abiertos para detectar el mínimo destello que los hilos puedan reflejar.

Que este escrito no se entienda como un fomento de la guerra de sexos, muy al contrario. Esta situación nos afecta a hombres –actualmente– y a mujeres –a corto plazo.

Así, en un futuro mundo postapocalíptico no muy lejano habitado únicamente por ménades, éstas, por fin, podrán decir aquello de «Ya no quedan hombres».

K. Nietzsche

2 comentarios :

  1. Anónimo dijo... :

    Brutal artículo. Es lo que muchos pensamos. Pero los "conspiranoicos" nos sentimos impotentes. La maquinaria de propaganda funciona a toda máquina y no hay nada que se pueda hacer para que la borregada no siga las consignas oficiales. En fin...

  1. Ahí está el problema. Intentar "despertar" a la borregada es misión imposible y su reacción es como ocurre en la gran película Ovejas Asesinas. A eso hay que añadir que el que "despierta" lo hace a título individual y por sí mismo.

    Hasta ahora el Sistema parece ser perfecto y poco se puede hacer.

    Muchas gracias por comentar, anónimo.

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