Este último volumen contiene el final de la extensa etapa de Grant Morrison al frente de las colecciones del Caballero Oscuro. Una etapa marcada por la intención del autor escocés de enmarcar en en la saga las distintas encarnaciones del murciélago; tanto el héroe pop, como el encapuchado cínico e hiperviolento, pasando por el aventurero, el romántico galán, y él paranoico psicodélico, hasta llegar al justiciero oscuro. Consiguiendo una simbiosis digna de alabanza. Y regalándonos a los lectores una de las mejores etapas de Batman.
Es difícil aportar luz a un personaje marcado por la tragedia como es el caso de Batman, y en este volumen se muestra claramente. Un volumen que versa sobre las consecuencias de la muerte de Damian, desarrollándose en su interior una espiral trágica y dramática, de la que sólo descansaremos gracias a un número especial guionizado por Chris Burnham, en la que seremos testigos de las aventuras del Batman de Japón. Tras ese número de respiro veremos como la muerte de su hijo, ha convertido a Batman en un ser desquiziado, que movido por el dolor, emprende una cruzada contra Leviatán, concluyendo en un final épico, digno del autor y el personaje. Y es que Grant Morrison es de los pocos autores que ha sabido comprender la complejidad que supone portar el manto del murciélago.




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