Revista Rage

Rage es una revista de cómic para adultos que abarca géneros tan variados como el terror o la fantasía, pasando por la ciencia ficción o el gore. Rage es fantasía, sueños, emociones y respuestas que encajan en nuestra pequeña y desgarrada burbuja. Un aliento, un respiro, es el entretenimiento que nos lleva a la sobrevalorada luz. Un feroz festín de hemoglobina y sexo.
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'Aquarius' Episodio 6

Cuidao, que te rayo el coche


Alcanzamos el meridiano de Aquarius con un episodio aburrido –para que la NBC no pierda las buenas costumbres–, con un guión lamentable y una fotografía horriblemente desaturada que nos transporta a cualquier otra época excepto a los años sesenta.

La madre de Emma y mujer del senador republicano Ken se entera de que Manson fue proxeneta a finales de los años cincuenta. Pero Hodiak había omitido esa información para evitarle el sufrimiento. De modo que ella entra en histeria y él se va a tirarse a su ex mujer –aunque está muy preocupado por la desaparición de su hijo Walt, desertor de Vietnam, y tal. 

Por cierto, Hodiak se da a la bebida, como buen detective hollywoodiense. Un tópico ridículo que debería ser apartado de una vez por todas de las producciones.

Manson sigue malherido tras la paliza de Hodiak. Sus putillas personales le consiguen medicamentos trajinándose a los repartidores en plena calle.

Jimmy, el hijo de un mafioso que compartió celda con Manson, le regala a Charlie un revólver para que esté preparado para la próxima vez, todo ello bajo la atenta mirada de Roy, el motero guardaespaldas de Manson. 

Y fin. En Aquarius no existen ni Dennis Wilson, ni Cass Elliot, ni Tex Watson ni Bobby Beausoleil ni las declaraciones de gran parte de los habitantes de la comuna del Spahn Ranch que dejaban a Charlie como a uno más de los que por allí pululaban y trapicheaban, no como a un monstruo absurdo con un batallón de zombies a su servicio.

El resto del episodio naufraga entre nauseabunda corrección política al tocar temas de feminismo, racismo y moralina.

Lo peor de todo es que la NBC ya ha aprobado una segunda temporada de Aquarius, a pesar de la pésima acogida.

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'Aquarius' Episodio 4

Charlie, el alfa aquí soy yo y punto.

En este cuarto episodio nos sumimos en el tedio más absoluto dado que en el ochenta y cinco por ciento de su duración se tratan historias secundarias que no tienen ninguna relación con la trama principal: el secuestro de la hija de un senador por parte de Charles Manson y su terrible familia.

En el episodio anterior Charlie dejó a Emma y a Susan Atkins en casa de un productor musical y éste las echa porque se dejan la puerta del frigorífico abierta. Cuando Manson se entera le raja la cara ante la mirada de Sam Hodiak, la lumbrera que, por fin, tiene la idea de seguir los movimientos del sospechoso principal.

Mientras tanto, el senador ha caído en una espiral de cruising de la que culpa a Manson, a quien va a ver a Topanga Canyon con una escopeta y le apunta a la cara a escasos centímetros. 

Charlie, como si del muñeco de los guionistas ventrílocuos se tratara, comienza a soltar por su boca una arenga sobre el amor y el sacrificio digna del Hombre-Dios engendrado por una paloma, toma el cañón de la escopeta y se lo pone en el corazón diciendo que adelante, que él está ahí para morir por todos nosotros. Tócate los cojones.

Todo esto ocurre ante la mirada perdida de Emma, que está de viaje ácido. Cuando su padre, humillado y lloriqueando, la ve, no se le ocurre otra cosa –como hablar con ella, por ejemplo– que irse a casa a contárselo a su mujer, quien se toma una copa tranquilamente con su traje de fiesta puesto.

Pero el senador no es lo suficientemente hombre y su mujer llama al macho alfa Sam Hodiak para rescatar a Emma de la Casa de la Escalera de Caracol. Debido al ácido, Emma, que ya se ha vuelto un putón verbenero por el libidinoso y perverso influjo de Manson, comienza a tener un mal viaje y ve a su madre y a Hodiak como dos demonios. Así es como Charlie le lava el cerebro, hablando de demonios y de los elegidos. Porque en esa comuna nadie parece hacer nada más excepto Charlie: sólo se le oye a él, sólo canta y toca la guitarra él, sólo él reparte el ácido y da las órdenes.

Este es un capítulo con un guión pésimo –no ya sólo por continuar divulgando el mito de Charles Manson–, mal dirigido, sin música reseñable –como debería ser toda serie de los años sesenta– que aburre al espectador.